¿Cómo empecé en esto de los eventos?

El recuerdo más vivo que tengo fue a mis cuatro años, cuando mi prima me invita a ser la florista en su boda. Emocionadísima, me puse a practicar con mi mamá, día y noche caminaba por el pasillo de mi casa con mi canasta imaginaria. Había practicado por meses, cómo caminar, la velocidad, cómo debía soltar los pétalos, sonreír, tenía todo fríamente controlado. El día de la boda, estaba preparadísima, me acuerdo de mi vestido blanco con una cinta rosada en la cintura y mis zapatos blancos de charol; cuando llegamos a la iglesia veo este edificio de más de 100 años con un pasillo el triple de longitud del de mi casa. Empieza la música y es tiempo de desfilar, camino hacia el altar tal cual lo ensayé, todos los invitados viéndome y yo tratando de recordar lo que mi mamá me dijo “camine despacio y sonría”

¿Cuál fue mi sorpresa? Se me acabaron los pétalos a la mitad del desfile. Me asusté pero tenía que resolver inmediatamente y ¿qué hice? Me devolví por algunos pétalos del suelo, los metí en la canasta y seguí mi camino hasta el altar. Todos los invitados se reían de la solución que una niña de solo cuatro años dio, para cumplir con su función, pero lo logré, llené todo de pétalos y me sentí muy satisfecha de haber solucionado para que la boda de mi prima fuera mágica. 

Creo que fue gracias a esto, que desde muy pequeña me han gustado los eventos especialmente las bodas y no es por ser una fiesta en sí, si no por ver a tantas personas reunidas celebrando un mismo sentimiento. Creo que el amor por organizar eventos se lo debo de mi familia y ser tan meticulosa en los detalles, desde la boda de mi prima. 

Ser una organizadora de eventos es un trabajo precioso y a la vez retador, conoces a personas maravillosas, te volvés cómplice de tus clientes, tus proveedores se convierten en tus amigos y un evento nunca será igual que otro. No conocés hasta dónde llega tu imaginación o no sabés cuánta energía tenés hasta que llega el momento de un montaje y tenés que convertir un salón blanco en la fiesta ¨Bajo el Mar¨ con luces color turquesa y decoraciones alusivas o un parqueo de un centro comercial en la pasarela de autos más Premium del país (sí, esto sucedió de verdad). Esto es lo más retador y a la vez emocionante de esta profesión, nunca sabes qué tipo de evento te espera el día de mañana. 

El sentimiento de ver un trabajo terminado es maravilloso, cuando recordás todas las horas que le dedicaste a la organización y estas cansada sí, pero ver todo ya materializado es mágico, ese mismo instante se te olvida lo que te duelen los pies, el estrés de la última semana, los imprevistos del día, todo eso se hace a un lado cuando vez a tu cliente feliz disfrutando con sus invitados, ese instante es la mayor satisfacción de tu trabajo.